Imprescindibles de la cocina magrebí

Té-moruno

Rica en especias, con preferencia por la carne de cordero y muy calórica, este es el concepto que la mayoría de los comensales tienen de la cocina magrebí. Englobándola así en una única idea.

Sorprende saber que dos culturas tan próximas y que han tenido tanto que ver la una con la otra sean tan desconocidas entre sí.

Te invitamos a conocer la gastronomía de nuestros vecinos del sur. Vámonos de viaje con el paladar.

El pan, casero y caliente.

Se parece mucho a nuestras hogazas y se llama Khobz. Es el acompañamiento perfecto de delicias como el hummus, una crema de garbanzos, o ricos guisos. Lo elaboran cada día, artesanalmente, a base de una fina capa de harina, sal y agua.

No dejes que se enfríe y, ante todo, moja sin parar. Te chuparás los dedos.

Pastela, la mezcla perfecta de dulce y salado.

Este delicioso plato se consume también en Granada, producto de la herencia del esplendor andalusí.

Consiste en una masa de hojaldre rellena de pollo, cordero o ternera. En las zonas costeras, se rellena de pescado y el resultado es espectacular. Es un plato muy elaborado, porque hay que condimentar y trocear muy bien el relleno mientras se deja reposar el hojaldre y envolverlo bien, con cuidado de que no se salga.

¿Qué tiene de diferente? Se cubre de azúcar glas, almendras y pasas. El contraste entre dulce y salado es alucinante y lo convertirá en tu elección preferida.

Tagine, para entrar en calor.

Las noches del desierto son frías y los bereberes entran en calor con este delicioso guiso servido en una vasija de barro específica. Este plato se consume mucho en Marruecos y en países mediterráneos como Chipre. En Túnez, en cambio, no se cocina como guiso, sino como una especie de tortilla.

La base de su receta es la carne en rodajas mezclada con verduras. Se puede elegir entre pollo, ternera, cordero o lomos de pescado. Para dar sabor, se usan especias que van desde el jengibre hasta el comino. Como es natural, cada cocinero tiene su secreto.

El uso de la vasija de barro que te comentábamos anteriormente, tiene una razón. Por su forma y el agujero de la parte superior, se necesita muy poca agua para cocinar. Un plato idóneo para los amantes del desierto.

El té, todo un ritual.

A nosotros ha llegado como té moruno. Lo reconocemos fácilmente por las preciosas teteras en las que se prepara y los característicos vasos en los que se sirve. Consiste en menta o hierbabuena, agua y mucho azúcar, una mezcla muy sencilla pero deliciosa.

La tradición dice que se debe servir tres veces. El primer vaso es “amargo como la vida”, el segundo “fuerte como el amor” y el tercero “dulce como la muerte”.

Te aconsejamos que cojas el vaso por arriba, si no quieres quemarte.

Los dulces, una forma distinta de ser goloso.

La repostería magrebí es una tentación hasta para aquellos que no son amantes del dulce. Olvídate de sabores empalagosos. Aquí el hojaldre y los frutos secos juegan el papel más importante.

Pequeños caprichitos a base de almendra, pistacho o mazapán para tomar como postre o acompañar con el té endulzarán nuestra velada. ¿Y el toque dulce? La rica miel lo hace posible.

Repetirías, ¿verdad?

Imágenes: Recetas Halal, Mundo recetas, Recetas de viajes, Flickr/rafaparadela, Pepe kitchen.

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